martes, 7 de octubre de 2014

Ese aire tan sublime

  Mientras sujetaba la puerta del baño dos mujeres se besaron frente a mí, se conocieron ahí mismo y parecía como si se hubiesen conocido de siempre,  no me sorprende, en ese baño todos se han besado alguna vez con alguien, en ese baño todos han sujetado la puerta, en ese baño las paredes rayadas tienen un aire a libertad, y es como si pudiese ver las lágrimas cayendo de ellas, las espaldas hundidas, el vodka impregnado y los orgasmos aún sonando, porque en ese baño todos hemos sido cómplices del frenesí  que lo envuelve, aquel  del que no se puede escapar.

  Comencé a caminar y las luces parecían chocarme, no conocía a nadie y ninguno de ellos me veía, intentaba pasar por en medio de los cuerpos que se movían, me chocaban, me apretaban y aun así nadie me veía,  me sentía perdida, la música era tan fuerte que parecía estar sorda, como si todo sonara y yo nada escuchara, no podía encontrar a nadie de los que buscaba, no estaban, o tal vez sí, pero no me veían. Camino, camino y camino, pero nunca avanzo, las luces me absorben, el piso me sujeta los pies, intento hablar pero de mi boca no salen sonidos, quiero gritar y no puedo, estoy inmovilizada, sorda y muda, sólo puedo observar, bájenme de aquí por favor. Cerré los ojos y cuando los abrí, había un humo que me atravesaba y un aire frío que me recorría, se escuchaban tantas risas, ahora podía sentirlo todo, incluso los miedos de otros, incluso las intenciones que eran las que más se repetían, las que más me quemaban.

  Mi brazo está morado, me han timbrado el deseo, y éste siempre arde cuando la piel lo absorbe, sin embargo, no me molesta, está ahí y allí se quedará, no bajo las mangas ni lavo mis muñecas, simplemente dejo que me impregne hasta que en algún momento desaparezca. Mis mejillas están rojas, la sangre se me ha descontrolado y el vapor se me escapa por los poros; mis piernas duelen por el fuego que me ha penetrado, ruego para que no queden cicatrices, ya me bastan las que tengo, mi piel está demasiado manchada para algo más. Mi brazo sigue morado, y aunque digan lo contrario yo lo veo así. Les digo a los otros que sus brazos están muy pálidos para salir, si sales blanco entonces no vuelves, sólo con morado se regresa, sólo con morado puedes existir y luego ya no.


  Sentada en un cuarto oscuro logro ver un hombre frente a una pared con las manos sujetándola, quiero acércame pero al parecer hay alguien más entre persona y objeto, el hombre afirma sus manos cada vez con más fuerza, sus pies nunca se mueven y yo, mientras observo la escena siento un brazo que rodea mi cintura, no hago nada, sólo observar al hombre-pared que mueve levemente su cabeza, siento que tiene a alguien, pero no estoy segura, no logro ver bien; el brazo me aprieta más fuerte y las manos del hombre de la escena también, están coordinados. El sujeto que observo se detiene, se va y se lleva consigo a alguien, sin embargo, el brazo en mi espalda no se suspende, por lo que lo tomo y lo sacó de allí, me levanto y me voy. Quiero que no me persiga, pero lo hace, y no sé dónde esconderme, no lo quiero cerca, no a él, no a él que me estruja, porque a mí no me sirve un brazo que me apriete, yo quiero uno que me derribe.

viernes, 13 de junio de 2014

Herida

Mi cabeza está gritando en silencio, se contrae y se expande, quiere explotar e inundar esta habitación húmeda de delirios, de chispas que atraviesan, bigotes empapados en atrevimiento,  espaldas con marcas eternas, aromas viejos dando vueltas, todas esas cosas que ensucian mis paredes y rayan el piso, todas esas cosas que quedarán aplastadas por mi explosión, mi explosión de sangre hirviente que se evapora, y se pierde en el cielo, en el techo blanco que cada vez estás más lejos.

No quiero dormir nunca más en esta almohada porque mi cabeza duele mucho, y el mundo comienza a girar, y quiero que me bajen de esto que da tantas vueltas y que me desespera, y la respiración se me agota, y las luces de colores pierden el ritmo, van lento, luego rápido, rojo, celeste, azul, amarillo, la respiración se me pierde más,  y quiero caer, ya no hay colores, hay solamente un mundo oscuro que sigue girando, hay solamente una mala melodía, un ruido que me choca y pido que se apague, pero me da vueltas y atraviesa, pareciera estar en mi estómago, el ruido está dentro de mí, el ruido está en mi piel, el ruido es mi piel, el ruido soy yo, el ruido es cada centímetro de mi cuerpo.


Nuevamente vacía, me tiendo sobre el cubrecama y comienzo a flotar, lo único que me mantiene más abajo es la mugre, esa mugre que ni si quiera es mía, sin embargo está tan impregnada en mi piel que pareciera que todo mi cuerpo ha cambiado, ya no soy yo, soy un ser completamente creado en conjunto, donde aquel que aporte su granito de arena, aportará también un pedacito de su esencia,  soy un desierto, un terreno tan vasto y cóncavo que sería muy difícil de llenar, porque espaldas frías no son nada,  no son ni un mísero grano de tierra, sólo suciedad, sólo suspiros huecos, sólo respiraciones falsas, sólo golpes, que me tienen la cabeza a punto de explotar, porque duele tanto, tanto, tanto, que ni el desierto, ni el sol de su día, ni el frío de su noche pueden calmar. Mi cabeza no quiere parar de gritar, ha enloquecido, me ha dominado.