Probablemente esté equivocada, pero cada vez que te veo, percibo un corazón solitario, queriendo sentir más que decir, más que imaginar, más que crear, más que soñar. Distingo unos ojos queriendo brillar, una sonrisa deseando ser libre, sin aprietos, verdadera, natural, que simplemente quiere otra sonrisa que la comprenda, y claro observo unas manos... (Cito mi propia frase) que esperan impacientes el calce perfecto.
Detente, piensa menos y siente más, no busques… encuentra. Date la vuelta, gira a la derecha, mira hacia atrás y halla tu alivio, ese suspiro que desde que sintió el tuyo espera ansioso poder unirlos.
No mires, observa.
No sueñes, vive.
No te preocupes, anímate a intentar.
No pienses en lo imposible, cree en que mucho puede ser posible.
Por tan sólo un instante, permanece inmóvil y quédate allí mirando al horizonte, permíteme recorrerte, buscarte, sentirte, hablarte, conocerte.
lunes 23 de enero de 2012
viernes 16 de diciembre de 2011
No nos veamos la suerte entre gitanos
Sí, me gusta cuando los hombres son un tanto fríos, no exceso, pero me gusta, hay misterio, son verdaderos, me gusta.
Pero, hay alguien que me llamó y me sigue llamando la atención; me fascina observar disimuladamente a la gente, mirarlos en silencio e incluso cuando me hablan notar sus gestos, palabras, en cómo dicen las cosas y sacar mis propias conclusiones, creo que le he acertado a la mayoría.
Volviendo al "alguien", me causó curiosidad su frialdad, esa crueldad que a veces se apoderaba de su mente, esa forma de expresarse, de casi "odiar" el amor y cosas por el estilo, alguien incluso mucho más frío que yo. Sin embargo, algo de él me inquietaba, algo que no me dejaba creerle, sentía que él realmente era distinto.
Pasado el tiempo, me interesaba por él, era extraño, me causaba tanta intriga, quería llegar al fondo de su persona, descubrirlo, acertar a mis teorías. Sentía que esa frialdad que tanto a daba a demostrar no era del todo real, es más, creía/creo que en su interior es una persona realmente maravillosa, e incluso, insisto con la idea, de que sólo necesita compañía, una relación seria, que lo ame como se merece y sé, estoy casi segura, él se entregara a más no poder, siendo un hombre admirable, que no necesita demostrar frialdad extrema, para ocultar su falta, sus deseos de amor.
¿Y entonces?...¿te atreves a dejar que te conozca (más)?
| ¿Qué tal? |
lunes 21 de noviembre de 2011
Y sonreías mientras mi miedo no quería salir
Debo admitir que me encantaba pasar largos tiempos contigo, aunque el silencio fuera dueño de todo, aunque tus ojos de pronto se apartaran de mi, aún así me fascinaba mirarte, escucharte, tocarte, sonreírte, estar a tu lado sin importar el alrededor.
Me recorrían unas ganas inmensas de acercarme más, de tenerte para mi cada segundo que pasara, de acariciar tus manos para hacerte sentir seguro, y de poder decirte “quédate conmigo un segundo más…”, pero me perseguía una sensación de que a ti nunca te hubiera podido pasar algo conmigo y me sigue hostigando la misma idea.
De un momento a otro nos separamos, mi alma ya no pudo sonreír extremadamente como lo hacía estando tú presente y realmente no encuentro la forma de decirte que me doy cuenta cuánto tiempo ha pasado y de que siento la necesidad de confesarte que te extraño y extrañaré mucho más.
Me siento tan, pero tan ausente que creo que tú ya no notas mi “presencia”, realmente no sé cómo hacer el último intento.
| ¿Qué tal? |
miércoles 9 de noviembre de 2011
Simplemente sonríe simple
Cristina lo miraba una y otra vez como si sus ojos sólo le pertenecieran a él, como si de pronto todos los presentes se desaparecieran, como si con eso tal vez podía conseguir su atención. Había algo de él que le encantaba, que le hacía sentir la necesidad de acercarse y tenerlo ahí al lado aunque estuvieran ambos en silencio, además esa forma de concentrarse en sus ojos y sus labios le hacían pensar constantemente qué era lo que le ocurría con él.
Odiaba a las "moscas", esas feas y orripilantes insectos, que estaban fijamente pendiente de él por instantes (sería rídiculo decir siempre), aunque más que hablar en prular, nos referiremos a la mosca en particular. Cristina sentía rabia cada vez que la mosca se detenía en la cara de él, asquerosa le dejaba su suciedad y malvada se acercaba constantemente. Odiaba más aun que él no la matara y permitiera tenerla allí, no entendía si era por piedad o porque le gustaba tener a esa mosca cerca, pero sea lo que fuese, le hartaba sólo la idea de saber que ese insecto permanecía allí con él.
Cristina tenía miedo de hablar, miedo de decir lo incorrecto, temor de recibir rechazo y temor de lo que podría pensar él. Atinó sólo a tirar indicios, pequeñas indirectas, acercarse lentamente, pero parecía alejarlo más de ella.
Ultima oportunidad y perdida. Pueden haber más, pero yo como narrador lo veo dificil. ¿servirá de algo que se dé cuenta?
Cristina en silencio, siempre en silencio.
Odiaba a las "moscas", esas feas y orripilantes insectos, que estaban fijamente pendiente de él por instantes (sería rídiculo decir siempre), aunque más que hablar en prular, nos referiremos a la mosca en particular. Cristina sentía rabia cada vez que la mosca se detenía en la cara de él, asquerosa le dejaba su suciedad y malvada se acercaba constantemente. Odiaba más aun que él no la matara y permitiera tenerla allí, no entendía si era por piedad o porque le gustaba tener a esa mosca cerca, pero sea lo que fuese, le hartaba sólo la idea de saber que ese insecto permanecía allí con él.
Cristina tenía miedo de hablar, miedo de decir lo incorrecto, temor de recibir rechazo y temor de lo que podría pensar él. Atinó sólo a tirar indicios, pequeñas indirectas, acercarse lentamente, pero parecía alejarlo más de ella.
Ultima oportunidad y perdida. Pueden haber más, pero yo como narrador lo veo dificil. ¿servirá de algo que se dé cuenta?
Cristina en silencio, siempre en silencio.
| ¿Qué tal? |
lunes 7 de noviembre de 2011
Postura, sonrisa y buenos deseos. Silencio, siempre en silencio.
Te veo, pienso, imagino, fantaseo, quiero, pero creo no poder, creo, vuelvo a la realidad, me doy cuenta que no se puede.
Pienso “se me va a pasar”, sin embargo no quiero que “se me pase”, me gustaría tenerte para mí, a mi lado, siendo mío y yo tuya.
Esa noche cuando la luz de la luna atravesaba mi ventana, cuando el silencio era parte de mis pensamientos, mientras mi cabeza constantemente giraba para encontrar la parte helada de la almohada y mis pies se tapaban y destapaban una y otra vez, recuerdo estar pensando en ti y más tarde despertar por haber soñado contigo.
Era extraño, te ocupaste de mi mente, yo no quería, intentaba pensar en otra cosa, pero tu imagen se apropiaba de mí, sin poder evitarlo.
Yo sabía las consecuencias que traería y aunque aún no ocurren, estoy casi segura que pasarán… te irás y yo sin poder beber de tu esencia quedaré con un parche en la boca, en silencio, siempre en silencio.
| ¿Qué tal? |
Dudas
“Se debe cruzar el río para poder llegar al otro lado”, pero no estoy segura de poder llegar allí, no estoy segura de querer llegar, ni siquiera sé que puede haber del otro lado.
Hay dos posibles opciones:
- La primera: A la orilla ya llegó alguien y no hay espacio para nadie más
- La segunda: En la orilla no hay espacio para nadie.
Por lo tanto, ¿cruzar o no cruzar?....
| ¿Qué tal? |
martes 11 de octubre de 2011
En busca de los indiscriptible
Cansada, aburrida, triste, y perpleja decidí ir lejos en busca de lo que tanto me habían hablado, de lo que tanto la gente comentaba, de aquello que mis amigas hablaban todo el día y que yo por razones que desconozco no podía tener.
Tomé mi mochila de cuero desgastado y puse en ella una botella con agua, una polera, una manta, tres sándwiches, chocolates y un par de monedas; me vestí con mis típicas converse rojas, jeans desgastados, polera a rayas, gafas de aviador y un sombrero que me cubriera del sol y entonces partí rumbo a lo desconocido. Mientras caminaba por las calles de barrio me encontré con Martín quien me detuvo curioso:
-¿Hacía dónde vas? Preguntó.
-La verdad no lo sé, sólo seguiré mi búsqueda, sin tener claro donde encontrarlo.
- ¿Te puedo acompañar?, necesito alejarme un momento de todo esto.
Pensé en que no era una buena idea aceptar que viniera conmigo, pero luego de que insistió accedí a decirle que si, además prometió no ser una molestia, simplemente un camarada de viaje, un acompañante en la rotunda soledad de los campos y montañas, alguien con quien compartir una búsqueda, tal vez distinta, sin embargo, estaríamos solos, juntos y cada uno por su lado.
A medida que avanzábamos sin dirección, comencé a cuestionarme que era lo que realmente buscaba y en que momento y dónde lo encontraría, no sabía si era inútil continuar, o si realmente era necesario, sin embargo, determiné seguir, ya que según mis amigas era algo tan increíble que no se podía describir con palabras, lo que llenaba mi mente de curiosidad y ansias por lograr tropezarme con ello. Luego, empezaba a oscurecer, por lo tanto Martín y yo decidimos detenernos hasta la mañana siguiente. Era extraño, permanecíamos juntos, pero parecíamos dos seres desconocidos con temor a hablarnos, aun así surgía la necesidad de tenerlo allí sin saber el por qué.
Martín y yo recorrimos largas rutas, espacios que nunca había visto, efectivamente no sabía que existían lugares tan hermosos como los que esos días conocí, campos completamente verdes, aguas cristalinas, montañas y un sin fin de sitios preciosos que juntos disfrutábamos cada vez que los divisábamos. Desde ese momento era inevitable conversar, Martín se volvía para mi imposible de ignorar, no entendía por qué desde ese entonces ya no podía evitarlo, más no comprendía por qué sentía la necesidad de tenerlo aferrado a mi.
Pasaron cuatro días de viaje, de caminata sin orientación, junto a mi vecino de barrio, mi compañero de sonrisas, puesto que siempre lograba hacerme sonreír, a pesar de conocerlo hace tan poquito tiempo, es más no sé cual era la razón por la cual me sentía tan cómoda con él, y eso de alguna manera me agradaba. Luego, llegó el cuarto anochecer y algo hundía mi ser, un cosquilleo, no sé, algo de mi que llamaba a Martín, la necesidad de abrazarlo, de poseerlo, de sentirlo mío, pero no era lo bastante valiente para acercarme, además de que no podía entender lo que me pasaba con él. De pronto, ya recostada en el pasto, sentí algo en mi espalda, unos brazos enrollando mi cuerpo, era Martín, quien sin decir una sola palabra me abrazó permaneciendo allí sin dar explicaciones, yo no reaccioné con nada, me gustaba tenerlo junto a mi, me hacía sentir feliz, me hacía sentir algo nuevo para mi, por lo tanto, estuvimos así toda la noche.
A la mañana siguiente, desperté al sentir algo en mis labios, era él, mi colega de viaje, que me besó sin darme cuenta, sin embargo, fue tan especial que no pude evitar hacerlo también. Pasaron horas, minutos, segundos, quien vaya a saber cuanto tiempo pasó, lo único que tengo realmente claro es que encontré lo que buscaba, sin saber lo que era, sin tener idea donde hallarlo, simplemente lo supe, no es necesario, sin embargo, para mi lo fue, recorrer largas rutas para encontrar el amor.
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