Cada día, cada momento, cada espacio, cada segundo... que sea posible, agregando algún lugar, objeto, animal, persona, sonrisa, mirada, que me pareciese peculiar, permanecía yo tratando de congelar lo que me llamase la atención, de atesorar lo que sentía de alguna forma especial.
Personas... distintos rostros, voces, miradas, sonrisas, estaturas, etc. Cientos y cientos, sin embargo, sólo uno que para mi, resaltó entre los demás. Caminaba, se reía, conversaba, pero nunca hacia a mi, yo sencillamente lo observaba desde lejos, sus movimientos y gestos, cada cosa que fuese de él, y que llamara mi atención de una forma impresionante.
- Hola
- Hola... (¿por qué se me acercaría?)
- ¿Es tuya?
- Si..
- ¡oh!, es increíble
- Gracias.
- ¿me la prestas?
- (temía que se viera él mismo) si, pero en otro momento, ahora debo irme.
Sin conocerlo, sin tener conocimiento de su persona, y de cómo es realmente, yo sentía y sabía que él era distinto, único, sencillamente perfecto.
En un par de días, mi computador se saturó de fotografías de él, todas fueron tomadas mientras no se daba cuenta, excepto una... la cual fue sacada mientras preguntaba mi nombre, y por no saber cómo reaccionar, sólo accedí a fotografiarlo.
Cuadernos desordenados, lápices esparcidos, papeles por doquier, caras largas, mochilas nerviosas, un bigote desesperado, manos ansiosas y oidos impacientes; ¡timbre!, unos corren, otros rien, algunos se abrazan, sin embargo otros se alejan, yo... caminando, con mi mochila a la espalda, mi uniforme un poco desodernado y mi cámara recién colgada al cuello, puesto que me inquietaba la idea de que afuera podría encontrar algo interesante para retratar. LLegué a la salida, me detuve, puse el ojo en el visor, busqué y... encontré algo realmente hermoso, una mirada, aquella que desde el principio me cautivó... no atiné a nada más que correr y besar esos labios que de hace días no había podido sentir.
1 comentario:
Cuatro lirios cortados con un solo manojo de ideas.
Delicada escritura, y dulce.
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