Desorden, música que llega a mis venas, un cuaderno y un lápiz, con tanto que decir, de todo lo que pasa, de todo lo que me corroe, de todo, incluso todo de ti, pero no saber por donde empezar o cómo terminar, ni siquiera saber encontrarle sentido, tal vez lo tenga, sin embargo no sé, nada, ni entiendo, ni intento entender, porque incluso ahora escribo de lo que llega a la mente, que no comprendo por qué llega esto, si no pienso, no, eso no, no razono, incluso no sé lo que estoy diciendo, sólo muevo el lápiz; en mi cabeza, en mi mente, y ahora si que pienso, aunque lo haga o no, siempre estás tú.
Quiero escribir, pero tú, pensar y tú, hacer algo tú, y sigues, permaneces ocupando cada espacio de mi habitación, mientras las luces se vuelven amarillas y los vacíos totalmente ignorados.
Sonreías y las manos se volvían títeres, las palabras sonaban, los cafés se enfriaban y las bocas se abrían, mientras los ojos transmitían, y los míos, los míos te seguían, buscando a sus amantes, a quienes tanto deseaba sentir.
Y no querer soltarlo, no, aunque sea a distancia, basta con observar ese brillo, basta con tenerlo, tenerte, con un juego de dedos, que se conocen tanto, que se necesitan, se extrañan y se quieren tanto, y que hasta cuando se separan, para buscar más y conocer más, siempre se vuelven a encontrar, calzando perfectamente, tal como yo enredándome, jugando, contigo.
Desapareces, y las paredes te buscan, los suelos te llaman y yo, me llamo Pared Suelo.
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