Mente
fascinante, exquisita, diferente, única, permanece dejando un espacio a mi
nombre, que quede en algún rincón mi cariño, determina un lugar
irrevocable a mi existencia; porque a mi
me quedarán guardadas aquellas escaleras que subíamos y bajábamos, aquellos
abrazos interminables de pasillos y entradas, cuando intentaba detener tu
respiración; aquella mirada tan grande que llena hasta el vacío más profundo, siempre
penetrante, malévola, insinuante, perdida, pensante, hermosa.
Recuerdo mañas, que
caían a ese entrecejo tan rápidamente, modestias que abundaban muchas veces en
aquella lengua, cansancio que escuché, que vi, que sentí, que compartí, hambre,
sonrisas y objetos hacia el cielo que se entremezclaban con las nubes. Recuerdo espaldas apretadas.
Detesto tus listas, tus papelillos en un frasco, tus vagas esperanzas y tu suspiros apresurados, pero tu tozudez es tu abundancia, tu esencia, tu perfeccionismo para realizar alguna cosa, eso que te hace ser tan tú, un ser extraordinariamente alucinante.
Es
lamentable, teniéndote desde hace tanto, verte hace tan poco, pero es
gratificante tanta sonrisa que haz logrado en mi rostro. Me salió verso sin
esfuerzo, al recordarte.
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