viernes, 25 de diciembre de 2015

Frío

Es medianoche, un hombre bebe una cerveza en oscuridad para olvidar todo el calor que sintió hace un par de horas; un cigarro le envuelve con su humo y él, con su lengua de teclado sólo puede reír, carcajea por luces refractadas que giran como relojes intentando decir palabras, sin embargo, no encuentra las teclas porque las estrellas alumbran muy poco y el fuego de su cigarrillo se apagó a penas los relojes aparecieron, no dice nada, y yo que no veo ni una luz ni manecillas comienzo a sonreír.

¿Cómo llegué aquí?, me pregunto; pareciera como si todo se adaptara a mis situaciones,  como si el hecho de estar ahí viendo montañas rusas a lo lejos se hubiese planificado desde hace tanto tiempo, sabiendo que necesitaría ver luces y esa cruz infinita perdiéndose en la oscuridad, elevándose mi vestido por el viento,  y sentir como acaricia mis muslos, lentamente y luego apuñalando, te recuerdo; y a tu piel que me sé de memoria y que a veces dibujo entre mis sábanas con los labios, tan tibia y tan acorde a mis uñas, la recuerdo girando entre viento que me arranca el vestido con su cuerpo hambriento.

La noche se ha puesto fría, y mis pantys que se han roto dejan entrar el aliento oxidado de esa carretera. Una voz me recorre el cuello y ruego que sea la tuya para arrancarla con mordiscos y manotazos. Pero no, es suave y con un poco de suerte deslizable, extremadamente dulce para haber salido de tu garganta, señor lengua de cuchilla escarlata, demasiado tímida para ser tuya amor mío de manos inquietas. ¿Dónde andarás con esa voz ametralladora?, torbellino que destruyes el alba y dolores de mi vientre apuñalado, ¿dónde nos encontraremos?.


Cielo estrellado, media noche fría, veo montañas rusas y una cruz infinita que se pierde entre la oscuridad. Mi vestido se eleva y el viento acaricia mis muslos, lentamente y luego apuñalando, te recuerdo.

martes, 7 de octubre de 2014

Ese aire tan sublime

  Mientras sujetaba la puerta del baño dos mujeres se besaron frente a mí, se conocieron ahí mismo y parecía como si se hubiesen conocido de siempre,  no me sorprende, en ese baño todos se han besado alguna vez con alguien, en ese baño todos han sujetado la puerta, en ese baño las paredes rayadas tienen un aire a libertad, y es como si pudiese ver las lágrimas cayendo de ellas, las espaldas hundidas, el vodka impregnado y los orgasmos aún sonando, porque en ese baño todos hemos sido cómplices del frenesí  que lo envuelve, aquel  del que no se puede escapar.

  Comencé a caminar y las luces parecían chocarme, no conocía a nadie y ninguno de ellos me veía, intentaba pasar por en medio de los cuerpos que se movían, me chocaban, me apretaban y aun así nadie me veía,  me sentía perdida, la música era tan fuerte que parecía estar sorda, como si todo sonara y yo nada escuchara, no podía encontrar a nadie de los que buscaba, no estaban, o tal vez sí, pero no me veían. Camino, camino y camino, pero nunca avanzo, las luces me absorben, el piso me sujeta los pies, intento hablar pero de mi boca no salen sonidos, quiero gritar y no puedo, estoy inmovilizada, sorda y muda, sólo puedo observar, bájenme de aquí por favor. Cerré los ojos y cuando los abrí, había un humo que me atravesaba y un aire frío que me recorría, se escuchaban tantas risas, ahora podía sentirlo todo, incluso los miedos de otros, incluso las intenciones que eran las que más se repetían, las que más me quemaban.

  Mi brazo está morado, me han timbrado el deseo, y éste siempre arde cuando la piel lo absorbe, sin embargo, no me molesta, está ahí y allí se quedará, no bajo las mangas ni lavo mis muñecas, simplemente dejo que me impregne hasta que en algún momento desaparezca. Mis mejillas están rojas, la sangre se me ha descontrolado y el vapor se me escapa por los poros; mis piernas duelen por el fuego que me ha penetrado, ruego para que no queden cicatrices, ya me bastan las que tengo, mi piel está demasiado manchada para algo más. Mi brazo sigue morado, y aunque digan lo contrario yo lo veo así. Les digo a los otros que sus brazos están muy pálidos para salir, si sales blanco entonces no vuelves, sólo con morado se regresa, sólo con morado puedes existir y luego ya no.


  Sentada en un cuarto oscuro logro ver un hombre frente a una pared con las manos sujetándola, quiero acércame pero al parecer hay alguien más entre persona y objeto, el hombre afirma sus manos cada vez con más fuerza, sus pies nunca se mueven y yo, mientras observo la escena siento un brazo que rodea mi cintura, no hago nada, sólo observar al hombre-pared que mueve levemente su cabeza, siento que tiene a alguien, pero no estoy segura, no logro ver bien; el brazo me aprieta más fuerte y las manos del hombre de la escena también, están coordinados. El sujeto que observo se detiene, se va y se lleva consigo a alguien, sin embargo, el brazo en mi espalda no se suspende, por lo que lo tomo y lo sacó de allí, me levanto y me voy. Quiero que no me persiga, pero lo hace, y no sé dónde esconderme, no lo quiero cerca, no a él, no a él que me estruja, porque a mí no me sirve un brazo que me apriete, yo quiero uno que me derribe.

viernes, 13 de junio de 2014

Herida

Mi cabeza está gritando en silencio, se contrae y se expande, quiere explotar e inundar esta habitación húmeda de delirios, de chispas que atraviesan, bigotes empapados en atrevimiento,  espaldas con marcas eternas, aromas viejos dando vueltas, todas esas cosas que ensucian mis paredes y rayan el piso, todas esas cosas que quedarán aplastadas por mi explosión, mi explosión de sangre hirviente que se evapora, y se pierde en el cielo, en el techo blanco que cada vez estás más lejos.

No quiero dormir nunca más en esta almohada porque mi cabeza duele mucho, y el mundo comienza a girar, y quiero que me bajen de esto que da tantas vueltas y que me desespera, y la respiración se me agota, y las luces de colores pierden el ritmo, van lento, luego rápido, rojo, celeste, azul, amarillo, la respiración se me pierde más,  y quiero caer, ya no hay colores, hay solamente un mundo oscuro que sigue girando, hay solamente una mala melodía, un ruido que me choca y pido que se apague, pero me da vueltas y atraviesa, pareciera estar en mi estómago, el ruido está dentro de mí, el ruido está en mi piel, el ruido es mi piel, el ruido soy yo, el ruido es cada centímetro de mi cuerpo.


Nuevamente vacía, me tiendo sobre el cubrecama y comienzo a flotar, lo único que me mantiene más abajo es la mugre, esa mugre que ni si quiera es mía, sin embargo está tan impregnada en mi piel que pareciera que todo mi cuerpo ha cambiado, ya no soy yo, soy un ser completamente creado en conjunto, donde aquel que aporte su granito de arena, aportará también un pedacito de su esencia,  soy un desierto, un terreno tan vasto y cóncavo que sería muy difícil de llenar, porque espaldas frías no son nada,  no son ni un mísero grano de tierra, sólo suciedad, sólo suspiros huecos, sólo respiraciones falsas, sólo golpes, que me tienen la cabeza a punto de explotar, porque duele tanto, tanto, tanto, que ni el desierto, ni el sol de su día, ni el frío de su noche pueden calmar. Mi cabeza no quiere parar de gritar, ha enloquecido, me ha dominado.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Exceso de perdición

  Nuestra consciencia volaba por las nubes, expandida, perdida, lenta y enredada, mientras que nuestra sangre fluía rápido, estrecha y ardiente sobre la tierra; pasaban los minutos, y las contradicciones abundaban, nos odiábamos con insultos y nos queríamos con abrazos sobre pasados, esos que nos robaban el equilibrio y nos brindaban cerámicas heladas. Ya no nos veíamos, esas copas hermanas nos cegaban, nos lanzaban y en silencio nos manipulaban; yo, perdida, con el alma de intenciones, me dejaba llevar por ellas; tú, descocado, aceptabas sus anuencias, aquellas malvadas y diversas ofertas instantáneas que nos hacían perder la razón, sin embargo, nos quitaban distancia entregándonos un pequeño espacio de alientos, de suspiros tibios compartidos. Tus manos sujetaban mi espalda para no caerme de ese espacio absurdo, pequeño, apretado y ardoroso, sentía que no te soltaría nunca y apretaría cada vez más fuerte tu pecho, y ya no odiándolo, sino queriendo y deseándolo con delicadeza mientras el mundo me daba vueltas, y tu rostro no era nítido, pero siempre supe que eras tú, por fin tú, tomando mi cuerpo, ya liviano de tanto que me han quitado, porque cuando se juega en exceso el cuerpo queda cada vez más desierto, pura soledad e inmundicia, sin moral, que estaba ya incluso oculta bajo un sofá, mientras la amistad se nos iba por los poros y nos jurábamos "por siempres" confidenciales, lealtad absoluta, placer garantizado.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Vacío

Un caminante breve buscó cada vertebra de mi columna, dibujándole pequeños círculos con los dedos, de arriba a abajo, de lado a lado, de principio a fin; quería descubrir mi multitud de manchas y mis deformaciones bajo piel, mientras yo solo impregnaba el rojo de mis labios en el azul de sus géneros. Mis pestañas absurdas se unían con fuerza y el rimen nadaba entre mis pupilas, mis caderas daban pequeños saltos cuando el leve calor se apoderaba de ellas, sin embargo, por mi pecho fluía el hielo de incoherencias, atravesándome, despojándome hasta las pulsaciones, y dejarme vacía, más de lo que ya creía estar.

Mi cuerpo se llena de mugre, espalda sudorosa, cuello pegajoso, pezones ásperos, manos asquerosas impregnadas de gérmenes; me revuelco en mares impetuosos, y las olas sobrepasan mi estatura,  me ahogo en aquellas aguas sucias  y siento el sabor, que se impregna en mi paladar, ese sabor amargo que incendia mis venas y enloquece mi lengua, ese sabor intenso que me envuelve entre muslos que me chocan y me sacan la piel. Caigo, como siempre apretando espaldas y aferrándome a ellas con mis brazos rodeándolas por detrás, para creer que tengo algo, para suponer que mi torso no está desierto, que no existen huecos dentro de mi, que mi nadar está íntegro de sentido.
       

miércoles, 15 de mayo de 2013

Derivada de tú = yo


¿No lo entiendes?, sólo tú, ¿lo comprendes?, tú, a pesar de la indiferencia.

¿Lo ves? como espero tus moneditas de miel, cerca, más cerca, bajo nubes oscuras que oculten mejillas ruborizadas.

Permíteme una vez más apoyarme a tu espalda, pero ahora sin caer, pero ahora sin miedo, pero ahora sin reglas, pero ahora sin ojos vendados. Los hechos son amores, los discursos mierdas de alcantarillado, y  aunque a mi me queden sólo mierdas, busco la forma por hacer amores bajo tus brazos; pero tú no lo comprendes, tú no lo ves, tú estás ahí, mirando las piedras, mientras yo bailo bajo estrellas parpadeantes que se apagan cuando deseas marcharte.

No quiero límites, ni por la derecha, ni por la izquierda, no quiero senos ni cosenos, no quiero ángulos tetas ni alfas, sólo quiero a ti en función de mi, llenando mi muro con tus mensajes.

sábado, 20 de abril de 2013

Comienzo

   Lagos cristalinos que reflejan las estrellas, se expanden y se contraen progresivamente, profundos a lo verde,  que acaban en grandes trozos de tierra fuera de ellos, morada por los sueños de media noche, azul por las confusiones que le atormentan, negra por las agonías que le persiguen; los observo, ¡oh pequeños luchadores sin gloria!, déjenme borrarles un poco las manchas impregnadas, déjenme tenerlos cerca para leer su ardua poesía.

  Se propagan sus pozos infinitos cuando las constelaciones se evidencian, emanan destellos que recorren todo el cielo, la gente pide deseos, yo sólo me quedó allí para recibir un chispazo que me encandile, y caer de espaldas más abajo del suelo. Déjame decirte que me deleita cuando aquellas lucecitas se encienden, más si contribuí con mi humilde energía hecha en casa.