Dedos blancos, conocidos que nunca se hablaron
y desconocidos que parecieran quererse, he dejado besos marcados en mejillas
que nunca había tocado, he dejado mis huellas digitales en frentes que no sabía
que existían, he dejado sonrisas y he creado otras en labios ignorados
anteriormente, y mi mente por fin deja de
pensar en quien no se merece debe.
Escaleras recorridas sin ningún fin, hablar,
hablar y hablar, cuando no se podía. Más tarde, con los ojos en busca de un
vehículo, que sin embargo no veían nada más que imágenes anteriores, aun con el
rostro descolorido y una sonrisa que no se despega, aparece alguien, con
preguntas, con sueños, con halagos, con esperanzas, que cuando se va, casi
camina hacia atrás, por ir mirando mis mejillas, que aunque quisiesen estar
rojas, jamás se evidenciarían.
Tantos colores, tantas voces, tantos abrazos,
tantos besos, fueron tan intensos, que abrieron una partecita de mi mente, para
entrar y dejar plasmado hacia un lado, lo que ya fue, que recordaré, pero nunca
más reviviré. Ahora, después de tanta humedad en el piso y de tanto griterío en
la almohada, puedo decir que: corazón duro, corazón que casi no existe, a mi…
no me sirve.