Lo sé, lo depresivo que puede
llegar a ser, el estar sentado en bancas antiguas, donde estuve y vuelvo a
estar, donde estuvo y ya no está, donde me quedo, observando la nada, mientras
me gritan “guachita rica” de los autos, como si me importara, como si les
creyera, como si me bajaran la pierna derecha que está sobre la izquierda.
Niños, niñas, gente que no me
importa, unos que me miran, otros que yo miro, busco el labial rojo y me
refuerzo el color, me muevo el cabello de la cara y miro la hora, es bueno
cantar, aunque algunos se rían, yo canto al viento, aun cuando me golpea por
hacerlo, sigo tarareando y se me olvida la letra, pero no importa, le invento.
Es ilógico, estúpido, seguir con
la lágrima siempre pegada en el ojo, impaciente por salir en el momento menos
oportuno, y cuando cae, vuelve a su lugar de origen, es suficiente, demasiadas carcajadas
sardónicas; está bien, es incondicional, lo tengo claro, pero ¿por qué?, si ni
siquiera existe algo que le pueda poner condiciones, no existe nada, se perdió
todo. Lo irrevocable debería volverse por fin anulable.
Pero queda poco tiempo, para
partir, para escapar, y haré lo posible por lograrlo, huir, no es cobardía, es
sencillamente llegar a otro horizonte.
Y espero que estés bien, que estés feliz, como no pudiste serlo conmigo, porque jamás podría desearte mal, ni siquiera odiándote, puesto que así funciona la incondicionalidad. Espero que aprendas más de lo que no lograste, que alcances lo que fuiste incapaz de hacer. Que estés bien.
Y espero que estés bien, que estés feliz, como no pudiste serlo conmigo, porque jamás podría desearte mal, ni siquiera odiándote, puesto que así funciona la incondicionalidad. Espero que aprendas más de lo que no lograste, que alcances lo que fuiste incapaz de hacer. Que estés bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario