domingo, 2 de septiembre de 2012


 Lo sé, lo depresivo que puede llegar a ser, el estar sentado en bancas antiguas, donde estuve y vuelvo a estar, donde estuvo y ya no está, donde me quedo, observando la nada, mientras me gritan “guachita rica” de los autos, como si me importara, como si les creyera, como si me bajaran la pierna derecha que está sobre la izquierda.
 Niños, niñas, gente que no me importa, unos que me miran, otros que yo miro, busco el labial rojo y me refuerzo el color, me muevo el cabello de la cara y miro la hora, es bueno cantar, aunque algunos se rían, yo canto al viento, aun cuando me golpea por hacerlo, sigo tarareando y se me olvida la letra, pero no importa, le invento.
  Es ilógico, estúpido, seguir con la lágrima siempre pegada en el ojo, impaciente por salir en el momento menos oportuno, y cuando cae, vuelve a su lugar de origen, es suficiente, demasiadas carcajadas sardónicas; está bien, es incondicional, lo tengo claro, pero ¿por qué?, si ni siquiera existe algo que le pueda poner condiciones, no existe nada, se perdió todo. Lo irrevocable debería volverse por fin anulable.
  Pero queda poco tiempo, para partir, para escapar, y haré lo posible por lograrlo, huir, no es cobardía, es sencillamente llegar a otro horizonte.

 Y espero que estés bien, que estés feliz, como no pudiste serlo conmigo, porque jamás podría desearte mal, ni siquiera odiándote, puesto que  así funciona la incondicionalidad. Espero que aprendas más de lo que no lograste, que alcances lo que fuiste incapaz de hacer. Que estés bien.

No hay comentarios: