miércoles, 12 de septiembre de 2012

Hoy

  Se me pierden los ojos mientras avanzo. Envidio vagabundos que sonríen con sus perros, dándoles comida como si les sobrara, riendo de cómo la disfrutan, felices de ver a sus mascotas moviéndoles la cola.
Camino con los ojos arrugados, puesto que se sensibilizan demasiado ante la luz; con un libro entre las manos, ansiosa por seguir nuevamente, por continuar cuestionándome qué está pasando en él, quién es el poeta, quién es el jaguar y por sobre todo, quiénes son las imaginarias, un verdadero caos, un desafío que me han y me he planteado.

  Y se quedaron atrás las carcajadas infantiles que inevitablemente abundaron en mi boca en una serie de juegos, se quedaron las mejillas rojas por esa mirada verde intensa que se impregnaba en mi rostro, se quedaron las conversaciones en la escalera a cerca de desamores, se quedaron las rabias por ver sufrir y caer a quien no se merece, se quedaron las desesperanzas de lograr lo que más deseaba en tal momento, se quedaron las risas sarcásticas por sentirme tan odiada, casi amada. Se quedaron atrás, en los pasillos, las diversas emociones que se pueden vivir en un solo día, se quedaron atrás, lo que no he dicho y todo lo que no diré.

   Permítanme recordar y brindar, no por este día, sino por todos aquellos en donde temblaron los labios y cayeron los abrigos, cuando los cuatro ojos brillaban y casi no se miraban, mientras el tiempo se ponía las alas para presumir, y yo respiraba más lento para que se quedara. Los recuerdo, después de este día, que me hizo olvidar por un instante, lo que mañana volveré a recordar y a olvidar. 

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