Brazos que se cruzan cada vez
que se encuentran
Corren las piernas, corren
los ojos
En tanto griterío que se
yuxtapone
Siempre hay comida, nunca hay
silencio.
Vidrio, parece una metáfora
Que nos separa y no nos deja oírnos.
Tirarle el aliento para
hablarnos
Poner las manos para
sentirnos cerca
Y correr a tu espalda por tus
mañas
De querer golpearme, de
querer dejarme,
Cruzar la calle para
alcanzarte.
Que el camino eterno, se
vuelva corto
Que las horas, se vuelvan
segundos
Que llegar a la noche pase
tan rápido
Que hablar tanto, sea tan
poco.
Y puedo ver lo que no ven,
Siendo tan evidente, tan
claro.
Tanto que busco la máscara
perfecta
Para dejar una rosa en esos
ojos ciegos.
En ti, por ti, para ti.
Porque no había visto ojos más
profundos
Que fuesen tan parlanchines.
No había visto cara más
concentrada
en ese arte que llega al
cielo, tu arte.
No había escuchado palabras más
horrendas
Como cuando tanta modestia se
apoderó de ti,
Algo que sin duda tú no eras.
Ese que te crees, no es
Ese que piensas los demás ven,
No existe, no para mí.
Tu capa más externa
No alcanza ni el diez por
ciento
De lo que vale esa sonrisa
No estéticamente, no
superficialmente.
Creo que ya lo sabes,
qué te sumaría, qué me quitaría.
Espero verte llegar a mi carpa
Con una rosa roja,
No de venganza
No de listas malditas
Sino en símbolo de diferencias
detestadas.