Dormía en
la clase para olvidar tus palabras, sin embargo, bastaron cinco minutos y sonó
tu melodía, sabía que estabas allí, lejos, con esas infaltables mañas en los brazos, rabias en
los ojos y pasión y alma en tus muslos; más que verlo, lo sabía.
Me escondí es tu espalda, buscando siempre, lo que no quiero.
Mis intenciones nunca fueron buenas, no sé si podrían llegar a serlo.
Volé, con
mis piernas alrededor de tus brazos. Me desvanecí, con tus manos de araña.Caí, con tus frases que parecían ir hacia mí y
sólo a mí; nunca te había detestado tanto.
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