domingo, 26 de agosto de 2012

El Vals de medianoche

Danzaban bajo un foco que les alumbraba suavemente, haciendo una perfecta escena de sombras y luces que jamás dejaron verlo todo, sin embargo, los hacía parecer casi como uno solo, siendo dos amantes dejándose llevar por los movimientos que sus instintos les permitían hacer, una hermosa danza conectada, entre el hombre de los largos bigotes y la mujer de las piernas delgadas. Las sábanas nunca habían quedado tan desordenadas.

domingo, 19 de agosto de 2012

Ahora si, Basta.


Es demasiada la crueldad y me duele. Es como si quisiera matarme y en vez de dispararme, me hiciera cortes en los brazos, en las piernas y en cada parte del cuerpo, con el fin de esperar que sanen y luego volver hacer las mismas heridas, para sufrir, para morir más lento; haciéndolo a propósito, de la manera más evidente, sin impórtale mis ojos. Me lo advirtió, tantas veces, y cuando lo creí, lo negó hasta con lágrimas. La más hermosa contradicción. La más cruel mentira.

Pero encontré la razón perfecta para no regresar jamás.  
Se olvidó de mi existencia en cinco minutos.
Se acabaron los seis años que propuse.

Porque duele saber que el pecado fue en vano,
que cada sonrisa fue producto de una obra de teatro
la cual fue actuada por el actor más sobresaliente.
Que las sábanas debieron permanecer siempre lisas,
y las mejillas blancas y heladas.

Porque en diez segundos cambió el camino
en dos me desvanecí al otro lado del mundo
en cuatro me despojó
y en menos de cinco segundos se rió de mi.

Le invito a descomponerse en materia orgánica. 


sábado, 18 de agosto de 2012

Lo llamaremos el viernes de mala/buena suerte.

Escuché las palabras que hace más dos años quise escuchar, que ahora ya no tenían mayor relevancia, que incluso eran innecesarias, sin embargo, fueron tan transparentes, dichas con esos ojos tan sinceros, que sentí incluso una leve humedad en los míos, no de tristeza, sino de ternura. Porque nunca es tarde para pedir perdón, ni siquiera después de que todo haya cambiado. “Lo siento. Perdón por demorar tanto. Te quiero” no, no es tarde, aunque nada ya volverá a ser igual.

Perfecto, una sonrisa para el resto del día.

Entré a aquel lugar de las diversas emociones, no vi nada, nada más, nada más que un cuerpo que tanta veces tuve entre mis brazos. Quise correr, sin embargo, permanecí, acompañada de palabras que intentaron en todo momento hacerme sonreír, aquellas que ya habían creado una en el pedazo de día que ya había ocurrido. Sonaba la canción que en varias ocasiones fue para mi, se movían los rizos en donde muchas veces me enredé… era el final perfecto, luego de plasmarle los ojos que se enrojecían, debía sacar el arma y disparar justo donde correspondía, con un te amo resbalado de mis labios, sin embargo, levanté una mano, levanté la otra y las junté, como no creí que pudiese hacerlo, orgullosa de cada movimiento que hizo, sin que nada más existiese, sólo el camino de mi rostro al suyo. Me tiritaron los pies, los latidos se rebelaron, y los labios se cerraron. Esos gestos tan propios que en todo momento amé, esa mirada tan peculiar que siempre me erizaba los cabellos y esa sonrisa, oh, esa sonrisa que me cautivaba cada espacio de mi ser; me envolvieron, dejándome congelada, no pudiendo atinar a nada más que aplaudir.

     -   ¡Para de mirar hacia allá!, sigue el show.   
-         No estoy mirando… sólo a los niños que cantan.
-         Ya van cinco veces y sigo contando.
-         Y tú, para de mensajearte.
-         No estoy mensajeando…
-         No me pidas hacer algo, si tú, estando las mismas, no puedes dejar de hacer.
-         Lo decía por tu bien.
-         Yo también.

jueves, 16 de agosto de 2012

No. Pero yo si... desde que fuiste el lobo.


 A veces pienso que correr riesgos puede resultar satisfactorio, pero últimamente me ha resultado todo lo contrario. Fueron dos veces que di mi voto de confianza, la primera vez me sentí engañada, sin embargo, perdoné. La segunda vez me sentí nuevamente engañada, pero más que eso, idiota.Creí tanto, dudé muy poco, entregué demasiado y pensé casi nada. No puedo decir que me arrepiento de las cosas que hice, porque nada de ello fue mentira, siempre fui sincera, pero no sé si debí arriesgarme tanto para recibir más tarde un puñetazo en el pecho. Me acuerdo de aquellas palabras maternas que varias veces cayeron en mi, mientras yo cantaba cualquier cosa para no escucharlas, “la la la lá, la la la lá, voy a cantar, le tengo en un altar. No juego con fuego, él es el fuego mismo”. ¡UPS!, igual me quemé.

Jamás me importaron los repentinos cambios de ánimo, sí me preocupaban, quise hacer algo por ello, los detesté en su momento, pero los amaba de todas maneras, eso y todo lo que viniera de esa mente caótica, tanto y más que la mía. Fui capaz de aceptar todo y me siento bien por eso, simplemente no fui suficiente. Conocí la belleza en forma tangible, el excentricismo, el poder volar sin necesidad de tener alas, y ojos que no sabían lo que decían, ni lo que hacían, sencillamente se escondían en palabras que jamás fueron verificadas, sin saber lo que causaban. No existirán para mí manos más curiosas ni latidos más distorsionados, que temblaban, y me hacían temblar.

Perdí hace tanto el orgullo, si hasta se me escapó el corazón frío, no me queda más que una fotografía en blanco y negro dada vuelta y un constante recordatorio a mi mente de las ultimas palabras, las que fueron después de casi recorrerle el cuello, las que nunca pensé en oír, las que siempre recordaré. Después de tantos fatalities, canciones mal cantadas, avenidas… y listo, no puedo seguir.

¿Qué viene después? 


miércoles, 8 de agosto de 2012

Nunca me hagas caso al primer basta


Me duelen la espalda, las rodillas, el vientre y los ojos, con miedo, desilusión, decepción, confusión y desesperanza.

Basta.No puedo aceptar estar peinada, no quiero estar ordenada ni dejar de retorcerme, no quiero ya no lustrar mis zapatos, no quiero llegar temprano a mi casa ni tampoco que me dure tanto el tinte rojo de los labios. Sin embargo se me caen las piernas, y simultáneamente se me van las palmas a cubrir mi rostro, se me escapan miles de confusiones, que se van y se van, hasta morir en seco, se detienen mis pies, no tienen fuerza para correr, ni siquiera saben qué deben hacer. Me sostengo en colores dulces, un antojo de tiempos, lo tomo y lo dejo, nada es relevante, nada me cierra la boca ni me abre los ojos. Tomo el celular y lo dejo. Tomo un pañuelo y lo dejo. Tomo un recuerdo y lo extiendo, lo arrojo contra la cama y me lanzo sobre él, lo agarro con mis piernas y brazos para que no se me escape, pero es más fuerte y sigue creciendo, hasta alcanzar cada rincón de mi habitación. Porque cada esquina, cada grieta, cada pared, tiene historia y las flores de mis sábanas me las recuerdan, como la historia de las nueve y media que no podía ser antes, en donde entendí que semejante belleza no podía igualarse o mejorar a algo de la vida caótica, y que terminaba con una canción de Los Bunkers cantada en la cara. Y con ello, es inevitable sonreír y dejar de sonreír.

“Si no puedes convencerlos… confúndelos”. Y le dieron los argumentos, no se convenció, la confundieron y parece que ahora algo le convence. Pasaron más de 5 segundos, más de CINCO SEGUNDOS. Pero no sé cómo detestar, soy débil.

viernes, 3 de agosto de 2012

Quiero té, sin colorantes, y a ciento ochenta grados.


Y llegan a mí las escaleras recorridas por la pasión que se apoderaba de ellas, los pisos aplastados e impregnados de risas inmorales, las paredes que se conocían de memoria los huesos que le chocaban, y todos aquellos cómplices de mentiras, actos sigilosos, locuras y sonrisas disparatadas, cuando existíamos y vivíamos.   

Quiero levantarme y encontrarle sentido, levantarme y ver la realidad, levantarme y abrir bien los ojos, levantarme y saber que no está, levantarme sin tener que soñar que está, levantarme recordando, levantarme sin creer algo falso, levantarme, poder levantarme. Quiero poder cambiar algo, no tener que cambiarlo, aceptar que debo hacerlo, sin embargo no se me permita hacerlo. Quiero acostarme sin pensar, acostarme en otro lugar, no pensar en acostarme, acostarme y no recordar un lunar en la nuca, que me saquen las sábanas, que mejor me cambien hasta la cama, o la pieza, o la casa, o el planeta, sin embargo, quiero poder sonreír al acostarme y ver las frazadas tibias y revueltas. Quiero poder terminar de escribir esto. Quiero poder haber continuado lo único que quedó plasmado en el comienzo de la hoja: “Insertos en el bosque, el chico del rugido le miraba mientras la chica de los pantalones rojos le sonreía...”. Quiero verle feliz.


Pero me siguen llegando las escaleras, los pisos, las paredes, las avenidas, los caminos de tierra, e incluso los dos más dos igual a cinco.

Caigo
Caigo
Caigo
Oh, cayó.
- Lávese la cara
- No tiene sentido.