Perfecto, una sonrisa para el resto del día.
Entré a aquel lugar de las diversas emociones, no vi nada, nada más, nada más que un cuerpo que tanta veces tuve entre mis brazos. Quise correr, sin embargo, permanecí, acompañada de palabras que intentaron en todo momento hacerme sonreír, aquellas que ya habían creado una en el pedazo de día que ya había ocurrido. Sonaba la canción que en varias ocasiones fue para mi, se movían los rizos en donde muchas veces me enredé… era el final perfecto, luego de plasmarle los ojos que se enrojecían, debía sacar el arma y disparar justo donde correspondía, con un te amo resbalado de mis labios, sin embargo, levanté una mano, levanté la otra y las junté, como no creí que pudiese hacerlo, orgullosa de cada movimiento que hizo, sin que nada más existiese, sólo el camino de mi rostro al suyo. Me tiritaron los pies, los latidos se rebelaron, y los labios se cerraron. Esos gestos tan propios que en todo momento amé, esa mirada tan peculiar que siempre me erizaba los cabellos y esa sonrisa, oh, esa sonrisa que me cautivaba cada espacio de mi ser; me envolvieron, dejándome congelada, no pudiendo atinar a nada más que aplaudir.
- ¡Para de mirar hacia allá!, sigue el show.
Entré a aquel lugar de las diversas emociones, no vi nada, nada más, nada más que un cuerpo que tanta veces tuve entre mis brazos. Quise correr, sin embargo, permanecí, acompañada de palabras que intentaron en todo momento hacerme sonreír, aquellas que ya habían creado una en el pedazo de día que ya había ocurrido. Sonaba la canción que en varias ocasiones fue para mi, se movían los rizos en donde muchas veces me enredé… era el final perfecto, luego de plasmarle los ojos que se enrojecían, debía sacar el arma y disparar justo donde correspondía, con un te amo resbalado de mis labios, sin embargo, levanté una mano, levanté la otra y las junté, como no creí que pudiese hacerlo, orgullosa de cada movimiento que hizo, sin que nada más existiese, sólo el camino de mi rostro al suyo. Me tiritaron los pies, los latidos se rebelaron, y los labios se cerraron. Esos gestos tan propios que en todo momento amé, esa mirada tan peculiar que siempre me erizaba los cabellos y esa sonrisa, oh, esa sonrisa que me cautivaba cada espacio de mi ser; me envolvieron, dejándome congelada, no pudiendo atinar a nada más que aplaudir.
- ¡Para de mirar hacia allá!, sigue el show.
-
No estoy mirando… sólo a los niños que cantan.
-
Ya van cinco veces y sigo contando.
-
Y tú, para de mensajearte.
-
No estoy mensajeando…
-
No me pidas hacer algo, si tú, estando las mismas, no
puedes dejar de hacer.
-
Lo decía por tu bien.
-
Yo también.
No hay comentarios:
Publicar un comentario