Y llegan a mí
las escaleras recorridas por la pasión que se apoderaba de ellas, los pisos
aplastados e impregnados de risas inmorales, las paredes que se conocían de
memoria los huesos que le chocaban, y todos aquellos cómplices de mentiras,
actos sigilosos, locuras y sonrisas disparatadas, cuando existíamos y vivíamos.
Quiero
levantarme y encontrarle sentido, levantarme y ver la realidad, levantarme y
abrir bien los ojos, levantarme y saber que no está, levantarme sin tener que
soñar que está, levantarme recordando, levantarme sin creer algo falso, levantarme, poder levantarme. Quiero poder cambiar algo, no
tener que cambiarlo, aceptar que debo hacerlo, sin embargo no se me permita
hacerlo. Quiero acostarme sin pensar, acostarme en otro lugar, no pensar en
acostarme, acostarme y no recordar un lunar en la nuca, que me saquen las
sábanas, que mejor me cambien hasta la cama, o la pieza, o la casa, o el
planeta, sin embargo, quiero poder sonreír al acostarme y ver las frazadas tibias
y revueltas. Quiero poder terminar de escribir esto. Quiero poder haber
continuado lo único que quedó plasmado en el comienzo de la hoja: “Insertos en
el bosque, el chico del rugido le miraba mientras la chica de los pantalones
rojos le sonreía...”. Quiero verle feliz.
Pero me
siguen llegando las escaleras, los pisos, las paredes, las avenidas, los
caminos de tierra, e incluso los dos más dos igual a cinco.
Caigo
Caigo
Caigo
Oh, cayó.
- Lávese la cara
- No tiene sentido.
3 comentarios:
La incoherencía de lo común que hace que lo trivial se vea desquisiado y loco se vea aun más cuerdo.
Incoherencias coherentes que abundan en mi mente en estos momentos.
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